Mendoza siempre creyó que podía manejar su propio relato. Como si la historia la contaran dos diarios, dos canales y un puñado de voces conocidas que circulan entre radios, cafés del centro y oficinas del poder. Un ecosistema chico, predecible, casi familiar. Hoy estamos atravesando una bisagra en que la conversación comienza a mudarse a lugares donde nadie pide permiso, nadie edita nada y nadie manda: los algoritmos.

Mientras esto sucede, buena parte de la dirigencia mendocina sigue creyendo que la política se juega en la tapa de un diario. Error viejo. Hoy la tapa es el feed, y el editor es un cálculo matemático hecho en California o Singapur.

La vieja obsesión mendocina por controlar el mensaje
Los medios tradicionales de Mendoza todavía operan como si fueran los guardianes del orden simbólico. Pero no marcan la agenda: apenas la comentan.

La sociedad mendocina hace rato que no entra a los portales para informarse: entra a TikTok para entretenerse, a Instagram para distraerse y a WhatsApp para confirmar lo que ya cree.
Mientras los medios siguen midiendo clicks, los algoritmos miden pulsos emocionales.
Y Mendoza, que siempre se sintió prolija y ordenada, ahora vive en un mapa informativo partido en miles de microrealidades. Un sanrafaelino, un godoycruceño y alguien de Luján pueden ver una provincia completamente distinta sin moverse del sillón.

La idea de una “opinión pública mendocina” es casi arqueología.
Crecimos bajo una opinión pública moldeada a gusto de un puñado de conductores de radio y televisión, fuertemente respaldados por los políticos de turno. El ecosistema era angosto, dos o tres periodistas manejaban la agenda y eran tratados casi como oráculos. No había demasiados más. Se repetía —y se enseñaba— que el periodismo debía limitarse a informar. Interpretar quedaba reservado para unos pocos jóvenes insolentes y la opinión solo para un grupo reducido de editores que orbitaban muy cerca del poder. No fuera cosa que esa opinión se desbordara. Aún así, el modelo era hasta casi inocente y si uno lo mira de lejos, las intenciones parecían todas buenas.

Que pasa hoy con el ciudadano
Lejos de tener a periodistas como fuente de información, el mendocino hoy tiene algunos síntomas similares a estos:

  1. Desconexión: muchos ya ni saben qué pasa, pero sienten que “algo pasa”.
  2. Tribalización: cada uno vive en su burbuja, discute con su reflejo y no cruza ideas con nadie. La grieta pasó a ser algo individual. No hay grandes discusiones sobre los robos de Cristina, los dichos de Milei o el arrebato de mineras por la montaña mendocina. No hay compromiso. El mismo se reduce a un simple comentario de café y ahí termina.
  3. Cansancio: llega un punto en el que da igual si el dato es cierto o no. Importa si coincide con el humor del día.

    Nota: Es una simple generalización, afortunadamente no todo el mundo piensa así.

    Pero básicamente así funciona una provincia donde todos hablan, pero casi nadie escucha. Y donde la política cree que compite por votos, cuando en realidad compite por dos segundos de atención entre videos de recetas y chistes de memes.

    Quién decide qué ve un mendocino
    En Mendoza ya no decide un jefe de noticias o el dueño de un medio de comunicación.
    Decide un algoritmo que no conoce la Cordillera ni el problema del agua ni la pelea por la 7722. Solo conoce una consigna: mantenerte mirando.

    Y todo vuelve al principio, gana quién tenga para pautar. Porque el algoritmo, maldita sea, también se pauta. En este caso preferimos aquellos buenos viejos tiempos de periodistas, que también los habían buenos.

    Hoy orgánicamente se puede corromper el sistema, pero esto genera más trabajo.

    ¿Qué temas ganan visibilidad?
    Los que generan lío, no los que generan futuro.
    ¿Qué debates desaparecen?
    Los que requieren más de 15 segundos de atención.
    ¿Quién gana?
    El que logra viralidad, aunque su idea sea un flan.
    ¿Quién pierde?
    La provincia


Tres futuros posibles para los medios mendocinos

  1. El futuro optimizado (el más probable)
    Los medios se convierten en fábricas de contenido para redes.
    Redacciones chicas, mucha velocidad, poca profundidad.
    La conversación pública dominada por trending topics importados.
    Democracia del scroll.
  2. El futuro híbrido (el difícil pero razonable)
    Aparecen medios nuevos: mixtura de datos, IA y mirada humana.
    Más transparencia, menos chantaje emocional.
    Un modelo donde la información sirve, no lastima.
    Hace falta visión, inversión y coraje. No sobra ninguno.
  3. El futuro extremo
    Cada mendocino vive en su propia Mendoza personalizada.
    Los sistemas saben qué vas a pensar sobre la minería antes de que lo pienses.
    Y la política deja de persuadir para empezar a predecir.

    El punto incómodo
    Mendoza está entrando en este portal sin que nos demos cuenta.
    Los medios no lo entienden. Reducen su personal por una cuestión de costos pero no entienden el futuro. Periodistas sin trabajo crean sus propios medios pero no entienden el sistema actual.
    La política ya comenzó a pautar más con el algoritmo que con los medios.
    Y el ciudadano, transita anestesiado de la manera más cómoda y normal del mundo.
    La provincia se juega su futuro informativo en un terreno que no controla. Y si no reacciona rápido, va a quedar reducida a un conjunto de relatos personalizados que no se tocan, no dialogan y no construyen nada.

    El desafío no es comunicar más.
    Es recuperar la capacidad de decir algo que no esté escrito por un algoritmo y recuperar la atención de un lector inteligente.