Veamos una rápida panorámica de lo que sucede hoy en el mundo con la inteligencia artificial y los intentos por controlar lo incontrolable.
La Unión Europea volvió a liderar el juego regulatorio con el AI Act, la primera ley integral de IA en el mundo. Es un típico ejemplo europeo: buena intención, burocracia elevada y riesgo de ahogar innovación antes de que respire. El modelo clasifica sistemas por niveles de riesgo, desde “inaceptable” hasta “mínimo”.
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Pero lo más polémico está en los detalles: etiquetado obligatorio para todo contenido generado por IA desde 2026 —texto, audio, imágenes— y una “policía de cumplimiento” que recién estará aceitada en 2027.
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Mientras que Europa quiere jugar a árbitro global, corre el riesgo de convertirse en la cancha donde nadie quiere jugar.
Sin embargo, Asia va por lo pragmático: Corea regula sin dramatizar
Mientras Occidente debate poesía regulatoria, Corea del Sur lanzó una ley clara y directa: transparencia, supervisión humana y etiquetado obligatorio en IA generativa.
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Menos épica, más sentido común
China juega otro partido: regula fuerte adentro, pero promueve una gobernanza global centralizada bajo la ONU.
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EE.UU.: el desorden creativo
Estados Unidos sigue sin una ley federal única de IA. Hay guías, restricciones sectoriales y muchas firmas de declaraciones internacionales… pero nada cohesivo.
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Su ventaja: flexibilidad para innovar. Su riesgo: que otros definan las reglas del juego global.
Latinoamérica: entre proyectos y promesas
Brasil avanza hacia un modelo inspirado en la UE.
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En Argentina, la discusión todavía está verde: hay proyectos, diagnósticos, buenas intenciones… y poco más.
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La región mira, reacciona y se adapta, pero no lidera.
Una ONU que quiere ordenar el caos
El Global Digital Compact propone estándares globales no vinculantes. Buena idea, poca fuerza política.
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Mientras tanto, en cumbres internacionales hubo compromisos masivos… aunque grandes potencias se bajaron. Ver Fuente
El asunto de “desregular la IA” es casi una distracción filosófica: un espejito de colores para creer que, si imponemos reglas, vamos a correr a la misma velocidad que los modelos que se actualizan cada diez minutos. La verdad es más incómoda: cualquier intento de desregulación queda viejo antes de imprimirse, porque la tecnología avanza de forma exponencial y nosotros seguimos actuando como si fuera lineal. Puede que esta columna escrita en los primeros días del mes de Enero de 2026, dejé por sentado, que con el paso del tiempo, teníamos razón: la IA es indomable.
El desafío es moral
Pretender que la solución es regular la inteligencia artificial y esperar lo mejor es no entender que el problema nunca fue la IA, sino nuestra propia incapacidad para crecer al ritmo del mundo que estamos creando por un lado. Y por el otro, lo que realmente necesitamos —y nadie quiere admitir— es un salto de calidad humana: aprender a ser más éticos, más responsables, más cooperativos, con o sin algoritmos de por medio. La IA puede amplificar nuestra creatividad o nuestro egoísmo; lo que determine el futuro no será el código, sino el carácter. En el fondo, el desafío no es tecnológico: es moral. Si no mejoramos nosotros, ninguna regulación ni desregulación va a alcanzar.
Diez intentos de regular tecnología que salieron mal
1. Napster → Spotify
Intentaron frenar el intercambio P2P… y terminaron creando el mayor negocio del streaming global. Solo por mencionar un ejemplo: «Spotify»
2. Uber prohibido → apps de taxis oficiales
En ciudades donde se intentó bloquear Uber o Cabify, aparecieron apps estatales o corporativas que copiaron el modelo para no quedar afuera. La regulación creó competencia… con la misma lógica que antes se quería evitar.
3. Bitcoin perseguido → exchanges regulados y stablecoins
Las prohibiciones iniciales empujaron el uso clandestino, pero también forzaron a crear plataformas legales, billeteras custodiadas y monedas estables, que hoy sostienen miles de millones en transacciones.
4. Bloqueo a torrents → nacimiento de plataformas como Netflix
Los intentos de terminar con la piratería impulsaron modelos legales de acceso inmediato. La industria entendió que la gente no quería robar: quería comodidad.
5. Prohibir blogs informales → redes sociales masivas
Los medios tradicionales presionaron por regular blogs independientes. Resultado: Facebook, Twitter, YouTube multiplicaron voces sin control editorial y terminaron desplazando a la prensa tradicional.
6. Restricciones al correo electrónico masivo → newsletters profesionales
Las leyes anti-spam llevaron a creadores e influencers a desarrollar plataformas de newsletters premium (Substack, Revue), que aún hoy son un medio de ingresos directo.
7. Censura en medios tradicionales → periodismo digital independiente
En países donde se reguló la prensa tradicional, surgieron medios nativos digitales, financiados por lectores y basados en transparencia, que escaparon a la censura clásica.
8. Regulación de taxis → vehículos autónomos en desarrollo acelerado
Las trabas corporativas al transporte privado impulsaron inversiones masivas en autos autónomos, cuyo objetivo fue directamente eliminar al conductor del conflicto.
9. Prohibición de publicidad segmentada → boom de influencers
Cuando regulaciones limitaron la segmentación precisa en redes, marcas y vendedores comenzaron a volcarse más a creadores individuales, inventando un nuevo mercado multimillonario.
10. Limitaciones a pagos digitales → explosión de fintechs
Cada vez que bancos tradicionales presionaron por trabas regulatorias, surgieron fintechs con soluciones más ágiles, seguras y globales: Mercado Pago, Nubank, Revolut.

